LO NOVEDOSO NO SIEMPRE ES LO MEJOR

POR HÉCTOR PARRA RODRÍGUEZ.

Junio 3 de 2016.- No siempre la novedad termina por ser lo mejor. Se aspira a ser mejor, pero ello solo lo puede confirmar el tiempo. Me refiero en el caso específico al traído y llevado procedimiento penal de los juicios orales, que sustituye al añejo procedimiento escrito, que fuera pervertido al paso del tiempo.

Uno de los Códigos en materia procesal penal que vivieron más años, fue el de 1932, que fuera sustituido en el año de 1989, siendo entonces gobernador el constitucionalista Mariano Palacios Alcocer, se decía entonces que sería el mejor. Aún recuerdo al Maestro Francisco Durán Guerrero, principal promotor de una segunda reforma explicándola a los diputados locales de entonces.

Después vendría otra reforma frustrada que abrogó el Código Procesal, en el sexenio de Francisco Garrido Patrón, tan mala que hubo necesidad de volver a dar vida al Código recién abrogado, aquel que, como cadáver viviente levantó el Gobierno de José Calzada, dado que hasta los violadores podían salir bajo fianza.

Recordemos aquella frase célebre de la Maestra Sonia Alcántara Magos, al inicio del gobierno de Don Rafael Camacho Guzmán, cuando dijo que: “Había que lavarle la cara a la justicia”. En su tiempo mandó editar toda la legislación aplicable en el Poder Judicial. Tiempos en que se dijeron muchas cosas, menos que la legislación procesal fuese caduca, inservible, inoperante y a casusa de ella hubiese corrupción. Las autoridades de entonces ponderaban la legislación como buena.

Llegaron los tiempos del centralismo, como queriendo regresar a los tiempos de la corona española, ahora todo emana del centro del poder; el INE, el IFAI, las Oples, los Tribunales Locales electorales y otras instituciones más, se controlan dese otros lares. Así nace en el año de 2008, la obligación de crear un Código Procesal Penal único, hecho por el Congreso de la Unión y para este año -en el mes que corre- todos los estados deberán haber armonizado su legislación para la entrada en vigor del Código Nacional Procesal Penal.

Por supuesto todas estas transformaciones legales y hasta culturales, las han consentido en su momento las legislaturas de los estados, quienes han avalado las reformas constitucionales. Es así que llegamos al año 2016 con una transformación en materia de procedimientos penales, novedosa, inédita, costosa y por supuesto se espera sea la mejor, como en otros tiempos. En la nueva legislación si bien se avanza en materia de derechos humanos en favor de la víctima, también se protege al delincuente en extremo, por los tecnicismos a que están sujetas las autoridades ministeriales, policiales y jurisdiccionales.

Mucho se ha visto en los procesos penales, sean federales o locales, que se logra la libertad de delincuentes simplemente por fallas en los tecnicismos, sean de naturaleza técnica o jurídica –total la justicia es ciega- sin importar que el responsable obtenga su libertad. Eso sí, las autoridades omisas no incurren en responsabilidad alguna cuando de éstas dependió la salida del delincuente.

Desde la normatividad nacional –que no federal- se prescriben grandes ayudas a las víctimas y a sus familiares, como el pago a la reparación del daño y otros apoyos institucionales. Todo por supuesto con cargo al erario del estado, a pesar de ser culpa de los delincuentes.

De tal suerte que todos los abogados dedicados al litigio y autoridades inmersas en esta novedosa materia de los juicios adversariales –algo que nadie entiende- u orales, se están estrenando, no hay experiencia en la materia, salvo cursos y más cursos, diplomados, maestrías y demás, impartidos por académicos que en su vida han practicado el procedimiento penal oral ¡Es la novedad!

Por lo pronto, en Querétaro se cumplió de última hora, cuatro suspensiones, y las manecillas del reloj encima, con el plazo fijado en la Constitución Federal, en sus artículos transitorios, para la puesta en marcha de los juicios adversariales en materia penal. Ahora habrá que esperar algunos años, para saber si lo que hoy es novedoso, resulta ser mejor que lo añejo y para valorar los resultados habrá que esperar al menos una década.

 

 

 

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